sábado, 5 de junio de 2010

El pecado del ocio

Hoy es sábado.

Tengo miles de tareas pendientes, de todas las clases que se puedan imaginar, tengo ropa que lavar, ordenar, guardar, cosas que limpiar, para estudiar, mandados que hacer... pffff!! la lista de pendientes parece nunca terminar y crece durante la semana, porque claro está; que lo que no me da el tiempo de hacer de lunes a viernes, lo pospongo para los acumulables del finde.
Impresionante como la lista crece cada vez más, ¡¡crece directamente proporcional a la disminución de mis ganas e interés de hacerle frente a todos estos deberes!!

Y bueno, hago lo que puedo; y sobretodo lo que voy teniendo ganas (o más bien fuerza de voluntad) y lo que me queda, será para el otro finde.
Porque tampoco me voy a autoflagelar por no cumplir con todos los "debo" y "tengo que" que pululan hoy por aquí. Hoy es un dia soleado que invita a ser disfrutado. Disfrutado de la forma que a uno más le plazca, tirado en la rambla, recorriendo el Jardín Botánico por tirar alguna opción.

Es entonces que me viene un recuerdo, una imagen. Cuando yo era adolescente, (o sea hace un par de años ;), me acuerdo de mi mamá, esa ama de casa incansable, experta en espejar pisos, cocinar rico y cultivar un frondoso jardín.
Ella siempre tenía esa larga lista de pendientes, ventanas que aspirar, limpiar la alfombra, lavar los vidrios, siempre habia algo por ser hecho. La veo aquella vez, la veo como se deja caer en el sillón y me dice que esta cansada, y yo le dije "Y porque no te tiras un rato a no hacer nada, todo el mundo necesita de un rato de ocio."
Ella me miró como extrañada, como si mi planteo de no hacer nada, como algo positivo, fuera una invitacion a cometer uno de los siete pecados capitales.

Con un tono condescendiente; me contestó: "Con todo lo que tengo para hacer, Natalia..." y replicó en seguida "no tengo tiempo para el ocio". Alli fue la primera vez que sentí que yo le iba a enseñar algo y lo hacía con plena conciencia (porque como hijos; siempre enseñamos a nuestros padres, por las buenas o por las malas, jejejeje, pero eso para otro articulo!).
Le dije con mi sabiduría de vaga de 17 años:"Pero mamá, nunca vas a tener tiempo, el ocio no es con el tiempo que te sobra, disfrutar de un rato de ocio es poder no hacer nada aunque este la cama sin tender, aunque la casa se caiga de mugre, y que no te mate la culpa".
Con la resignacion en la cara me respondió levantándose de un salto:"Yo no puedo, no soy así."

Y me dio mucha tristeza cuando me di cuenta de que esa mujer no era incansable. Se cansaba si, estaba exhausta, pero seguía sin poder librarse de las ataduras de los deberes, como si alguien calificara su desempeño, bueno si, ella misma lo hacía.Y todos sabemos que el juez mas duro vive dentro de nosotros. Porqué ella se manejaba así, dado que no le aportaba ni felicidad ni un mero bienestar, es algo que tendrá que ver con la neurosis que cargamos todos en general, y la suya en particular; que no será objeto de mi análisis nunca, como hija cuido ese lugar y trato de que no se me mezclen los porotos, por lo menos no deliberadamente.

Esta historia tiene final feliz, porque con el tiempo pudo mi adorada madre transformarse en una vaga digna de ejemplo, se levanta tarde, deja la cama sin hacer hasta la tarde (para ella esto es una transgresión a las leyes de la naturaleza), se dedica solo lo estrictamente necesario a las tareas del hogar y realmente hoy puedo decir que es capaz de no hacer nada en una tarde, disfrutarlo ¿y la culpa? esa la desterró de la casa hace unos años ya.

Merece la aclaración de que yo no soy ninguna iluminada, no es que yo no me castigue con deberes de ninguna especie, es solo que siempre hay una de cal y una de arena, y yo naci media vagoneta de chiquita nomás, digamos con un talento natural para el ocio. Corren versiones alrededor de mi nacimiento que dicen que me demoré en nacer porque no fui muy colaboradora y me quedé dormida mientras mi madre pujaba.